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¿Cómo va el llano con sus mujeres?

Escrito por: Valeria Hernández López*


América Rey, artista, cantante, compositora, productora de espectáculos, docente y gestora cultural llanera colombiana, fue la primera mujer homenajeada en un Torneo internacional del joropo y más recientemente nominada al premio Cafam a la mujer. Una figura llanera que indudablemente me incentivó a conocer más de cerca a otras mujeres exponentes del llano y su cultura; hacer una búsqueda de otros referentes como ella, y quizá, reflexionar en la dificultad para las mujeres de habitar estos y otros espacios en los llanos orientales.


Pues bien, me puse en la tarea, Googleé “la cultura y la mujer llanera”, “el rol de la mujer llanera”, “la mujer en el llano colombiano” o cualquier combinación de palabras que permitiera una imagen clara de la representación de la mujer en esta parte del país. Y para sorpresa mía (en sentido irónico), encontré artículos, blogs y noticias que dejaron en evidencia una realidad no muy distinta al resto de Colombia, en donde las brechas de desigualdad entre mujeres y hombres son fuertes, y además de ello se mantienen en el tiempo.


El escenario de la artista América Rey no es un estándar, pues existe una brecha de desigualdad que pone en desventaja a las mujeres llaneras y que en parte se debe al conflicto armado presente en esta región en particular. Como un ejemplo, según cifras del Registro Único de Víctimas de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas en Colombia (UARIV) en el departamento del Meta, más exactamente en su capital, Villavicencio, “alrededor de 256 mil personas han sido víctimas de delitos sexuales, siendo las mujeres la población que representa el mayor número de víctimas”[1].


Otro dato que habla de las mujeres más por su vulneración que por sobresalir en espacios artísticos o laborales, son los del informe “La guerra inscrita en el cuerpo”, pues este indicó que el “91,6 % de las víctimas de violencia sexual en medio del conflicto armado en Colombia han sido niñas, adolescentes y mujeres adultas”[2].


Este tipo de problemas persisten, han dejado huellas, y peor aún, se mantienen en diversos contextos, en donde el grado de exclusión y de vulneración hacia la mujer siguen siendo altos.  Actualmente, el departamento del Meta se reconoce por sus “brechas de desigualdad, baja representación política, pobreza, dificultad en el acceso del mercado laboral, dificultad en el acceso de tierra y justicia”[3]; que, acompañado del conflicto armado, hacen de este departamento uno de los territorios con los mayores índices de víctimas de violencia de género.  


Adicional a lo anterior, otro fenómeno presente en la región Orinoquia y este departamento, es la labor no reconocida de las mujeres rurales en el hogar. Las tareas no remuneradas como la “recolección de agua y leña, cultivo de alimentos, el cuidado de los hijos, el hogar y de pequeños predios de ganado”,[4] han ayudado a alimentar el círculo de dependencia económica hacia sus esposos y, por consecuencia, a incentivar situaciones de pobreza y vulneración en este territorio.


Sin embargo, no todo está perdido, hay esperanza en espacios tales como la juntanza femenina desde colectivos como El Meta con Mirada de Mujer, la Veeduría de Mujeres Valientes de Vista Hermosa y la Red de Mujeres Víctimas y Profesionales, entre muchas otras organizaciones y movimientos, que han permitido que las mujeres vean otro panorama de sus vidas. Pues gracias a actividades relacionadas con la “consecución de recursos, la formación en liderazgo económico y autonomía financiera”[5], las mujeres han encontrado una opción de participación y de reconocimiento.


Otro ámbito en el que la mujer se ha ido abriendo camino a pesar de las dificultades anteriormente mencionadas, es el deporte, más exactamente el coleo. Aunque no hay muchas referentes femeninas, Teresa Molinos pionera en el deporte desde los años ochenta y Sandra Cáceres son mujeres que, a pesar de los persistentes estereotipos, han demostrado que este deporte no está exento de la participación de las mujeres, y que, pese a sus distintas barreras, han logrado posicionar a la mujer llanera.


Para concluir, y sin ahondar más en la discusión, es necesario mantenerse en la tarea de resaltar a las mujeres que han roto brechas de desigualdad, se han destacado pese a las dificultades en las diversas áreas de la vida de la cultura llanera y se han convertido en modelos para otras mujeres. Por otro lado, y sin ser menos importante, debemos mantener la tarea de buscar, conocer y visibilizar de formas distintas aquellos espacios en donde las mujeres encuentren ayuda, sean reconocidas y permitan alcanzar dicha completud personal en donde la violencia y la discriminación no tengan cabida.  


Referencias:

[1] Moncada. 2021. El Meta con Mirada de Mujer, una lucha por la equidad.

[2] Centro Nacional de Memoria Histórica. 2017.

[3] Morales, A. M. 2016. La educación popular en el proceso de organización y empoderamiento de la mujer: meta con mirada de mujer. [Proyecto aplicado, Universidad Nacional Abierta y a Distancia UNAD]. Repositorio Institucional UNAD. https://repository.unad.edu.co/handle/10596/6459

[4] Tamasaukas, R. 2017. Empoderamiento de la mujer llanera y campesina en la siembra de la semilla solidaria.

[5] Moncada. 2021. El Meta con Mirada de Mujer, una lucha por la equidad.


*Comunicadora social y periodista.

** Las opiniones expresadas en este escrito son responsabilidad exclusiva del autor y no representan necesariamente la posición oficial de la Fundación Cultural Llano Adentro.

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