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Candela de Verano

Un significado de las "quemas" en los Llanos Orientales en época de verano.


Por: Cielo Navarro García*


Fotografía de: David Katz Asprilla


En pocas partes del país se evidencia tanto la diferencia entre el verano y el invierno como en los llanos orientales. Aquel es un ecosistema supremamente resistente a las inundaciones, las sequías y las dificultades intrínsecas a su inmensa extensión. Es por ello que entre las señales que anuncian la llegada del verano se encuentran las quemas que a la distancia se elevan destellantes y peligrosas especialmente durante las noches veraneras. Estas quemas se pueden generar por infortunios de la naturaleza o por intervención del hombre, del llanero.


Este artículo busca presentar otro punto de vista sobre una práctica que siempre renace en épocas de verano: las quemas, pero visibilizando las razones que llevan a algunos llaneros a utilizar el fuego como herramienta de trabajo.


Antes de hablar de las razones que motivan las "quemas", resulta pertinente hablar de las condiciones de vida del llano. En el resto del país estamos acostumbrados a escuchar de aquellos centauros que sobreviven en el llano sin acceso a servicios públicos básicos como el agua potable y la luz. Sin embargo, las dificultades de vida van mucho más allá de la electricidad, la cual resulta irrelevante en las tareas diarias de los llaneros que en su mayoría viven en el sector rural de la Orinoquía. Así mismo, son las condiciones del clima y de la tierra las que realmente dificultan la vida en este territorio donde la mayor parte de la población se dedica al sector agropecuario, especialmente a la ganadería.


Ahora bien, la ganadería en la Orinoquia tiene diferencias muy relevantes respecto a cómo se practica en otras partes del país. Algunas de estas diferencias son la necesidad de grandes extensiones de tierra derivada de la poca productividad de esta, junto con los fuertes veranos que dificultan las alternativas usuales como la siembra de forraje no nativo, el cual difícilmente se adapta a estas condiciones.


Tampoco resulta rentable el uso de abonos, antimalezas o el corte de pasto nativo mediante máquinas, dado el elevado costo que ello representaría al tener que realizarse en extensiones de tierra tan inmensas. Teniendo en cuenta las pocas alternativas para repensar la ganadería en el llano, algunos ganaderos emplean métodos alternativos y rentables para poder seguir con la actividad ganadera y sobrevivir en el tiempo, siendo uno de estos las quemas.


Entonces, ¿por qué quemar? Como se explicó en el tercer párrafo, la tierra de los llanos orientales es tan austera que dificulta la siembra de pastos no nativos que sean más productivos y aporten mayor proteína a los animales. Es por esto que los ganaderos de la Orinoquia se han adaptado para desarrollar esta actividad mediante el uso de pastos nativos, algunos de los cuales han sido llamados coloquialmente como boaca, moche, rabo’e mula, la víbora, cutupena, guaratara, panamá, cortadora, entre otros. Ahora bien, cuando estas pasturas nativas envejecen se vuelven muy rústicas, poco proteicas y el ganado no las consume, es por esto que se deben buscar medios para generar que retoñe pasto nuevo.


Vale la pena resaltar que el llanero no siempre cuenta con el presupuesto para contratar un tractor o trabajadores que corten el pasto envejecido (debido a las extensiones de tierra que fácilmente pueden exceder las 5 mil hectáreas por propiedad). Es por esto que se recurre al uso del fuego como herramienta para acabar con el pasto que el ganado ya no consume, con las malezas y para aprovechar la ceniza que actúa como abono, con el fin de esperar de 10 a 15 días para que el pasto nativo vuelva a retoñar y así volver a tener forraje para el ganado. Esta práctica se da principalmente en dos épocas del año, a “salidas de agua” (de abril a mayo) y a “entradas de agua” (de octubre a noviembre) para así aprovechar las primeras o últimas lluvias de temporada que aceleren el nacimiento del pasto.


Ya tomada la decisión, el llanero prepara el terreno para la quema haciendo guardarrayas o callejuelas, que son caminos libres de hierbas que rodean todo el terreno que se pretende renovar, y así evitar que el fuego se salga de control, que se quemen las cercas o que se traspase el fuego a la propiedad del vecino. Ya listo el terreno, se realiza la quema teniendo en cuenta otros factores para evitar que el fuego se salga de control. Algunos de ellos son el nivel de sequía de la sábana (por la facilidad de propagación del fuego), la temperatura del día (usualmente se realizan en horas de la noche), y la brisa porque permite practicar la quema de manera “contrafueguiada”.


Ahora bien, cabe resaltar que no todos los incendios se deben a la renovación del forraje del terreno mediante la quema controlada. Por el contrario, muchos se generan en el clima o en accidentes por fogones que se hacen a la intemperie, el efecto de una botella de vidrio con el sol, colillas de cigarrillo, etc.

Por último, resulta pertinente expresar que este artículo sólo pretende dar a conocer aquellos motivos que han hecho perdurar esta práctica, debido a las adversidades propias de la Orinoquia colombiana, y por el contrario no intenta en ningún aspecto defender o incentivar las quemas como práctica habitual en la ganadería.



Agradecimientos a: Jefrey Garrido Parales "Tata Parales", Tirso Ojeda Colmenares y Tirso Ojeda Garrido


*Autora:

Oriunda de Saravena-Arauca, abogada de la Universidad de los Andes y perteneciente al equipo jurídico de la Fundación Llano Adentro.



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