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Guaviare Puente a la Amazonía de Luis Eduardo Acosta. Parte 2

Escrito por: David Katz Asprilla


Fotografía de: David Katz Asprilla


Hoy continúo, gracias a la invitación hecha por la Fundación Llano Adentro, con la segunda parte de la reseña del Libro Guaviare Puente de la Amazonía, publicado en el año 1993 por la Corporación Colombiana para la Amazonía -Araracuara. El foco del libro, como lo presenté en la primera entrega, se sitúa en el estudio de las condiciones socioeconómicas de la población del departamento del Guaviare, inscritas en la evolución y desarrollo de los sistemas de producción agrícola y pecuarios de la región.


En la entrega de hoy voy a abordar el capítulo que presenta la síntesis histórica de la región del Guaviare. Esta síntesis reconstituye la trayectoria histórica regional que permite comprender los elementos estructurales sobre los cuales se han configurado los sistemas de producción agropecuarios de segunda mitad del siglo XX y comienzos del siglo XXI en el Guaviare.


Luis Eduardo Acosta, el autor, identifica cinco coyunturas, en el sentido braudeliano del término, que conforman el proceso de evolución histórica en la región del Guaviare desde el año 1968 hasta el año de 1993. Cada una de estas coyunturas marcaron un hito en la dinámica de los sistemas de producción agropecuaria y son la base de la configuración socio espacial del territorio.


La primera coyuntura se da en el periodo de 1968 hasta 1978. Esta década es el inicio del proceso de colonización orientado por el Gobierno nacional. Este proceso tuvo una fuerza particular hasta el año de 1970, producto especialmente de la intervención del entonces Instituto Colombiano de la Reforma Agraria - INCORA. Pese al intento de impulsar una economía local basada en los productos agrícolas, en este primer periodo se presenció una crisis regional de precios. El escenario de sobreproducción, la dificultad para comercialización y los elevados costos de producción estuvieron en el centro de la crisis.


Es en este contexto, más específicamente entre los años de 1975 y 1976, que surge el boom de la marihuana en el Guaviare. Este boom profundizó el proceso colonizador con la llegada de migrantes buscando aprovechar el buen momento del cultivo. Esto indujo algunas modificaciones del paisaje como la tala de grandes extensiones de bosque.

Según Acosta, durante esta primera coyuntura se iniciaron unas transformaciones en la vida productiva de los colonos y en la estructura productiva regional. Cesaron las actividades de producción para el autoconsumo, y los centros como San José se convirtieron en lugares de consumo y recreación. Se afianzó la agricultura de subsistencia alrededor del maíz, la yuca y el plátano, así como el modelo de ganadería extensiva y establecimiento de praderas.


La segunda coyuntura se da entre los años de 1978 a 1982. El incremento de la producción de marihuana en Estados Unidos y las distancias a los mercados de marihuana, hicieron que la demanda por el producto hecho en Guaviare disminuyera, acarreando el final de la bonanza marimbera.


La crisis en la bonanza marimbera caracteriza esta segunda coyuntura puesto que fue la entrada, alrededor de 1978, de la coca en el territorio. Menciona Acosta que este cultivo, la coca, se propagó de tal forma que se convirtió rápidamente en la actividad más importante en el departamento.


La coca, menciona el libro, tuvo una serie de consecuencias en la dinámica productiva, social y económica del territorio. La abundancia de dinero produjo una inflación elevada, de tal forma que superó incluso los niveles promedios de la nación. Así mismo condujo al incremento de los costos de vida y de producción, de tal suerte que la supervivencia en el territorio se limitaba a la economía cocalera. El boom indujo al incremento de la superficie del cultivo, de tal forma que los costos de producción del sector agropecuario se trastocaron; el jornal/salario diario incrementó de manera abrupta superando “4 o 5 veces al salario mínimo”.


La espiral regional impulsada por la economía cocalera generó un enclave regional puesto que los precios de la zona no guardan ninguna relación con “el resto de la economía”. El aumento de jornal hizo que para el colono fuera imposible contratar mano de obra para otras cosechas, llevando a que los cultivos principales estuvieran limitados al autoconsumo. Esto tuvo como resultado un decrecimiento de la producción agrícola y un incremento de la ganadería. La producción intensiva de coca se convirtió en la forma de acumulación de capital. ¿Cuánto de esto ha cambiado?


La tercera coyuntura se da en el corto periodo entre 1983 y 1984. Entre el año de 1982 y 1983 se produce una crisis cocalera como resultado de la sobreproducción de hoja de coca en la región. Según Acosta es en el marco de esta crisis que se presentó la “combinación de circunstancias externas de orden socio económico “que consolidaron los sistemas de producción que definen la estructura productiva del Guaviare hasta finales del siglo XX”. Durante esta crisis sobrevivieron aquellas personas que habían “diversificado” su producción y mantenido sus estrategias de autoconsumo.


Este periodo de crisis es igualmente reconocido por acarrear una espiral de violencia, de migración fuera de la zona y de abandono de fincas. Es allí justamente que entra en 1984 la guerrilla de las FARC, toman el control del territorio, e inician un proceso de organización social en formas de juntas de acción comunal, sindicatos y cooperativas.


La cuarta coyuntura se da en el periodo entre 1984 y 1986. En este corto periodo seconoce una segunda bonanza de la producción coquera. El incremento de la lucha contra el narcotráfico produce un incremento de los precios de pasta de coca, teniendo como consecuencia un incremento de la producción y una nueva fase de migración.


En este periodo, según Acosta, las FARC adoptan el rol de regulación de la oferta y de prohibición del monocultivo de coca. Obligan a los colonos y migrantes a adoptar una forma de organización de la producción de tal manera que hubiera “una hectárea por cada tres cultivos de subsistencia”. La organización pasa igualmente por el cobro de impuesto a los ingresos y a una nueva regulación de la vida social en el territorio.


Esta segunda bonanza se acompaña entonces de la diversificación en la producción y de un proceso de transferencia de capital hacia economías legales, especialmente hacia la extensión de pasto (deforestación) y ganadería. Acosta nota la mentalidad adaptativa del colono fruto del aprendizaje de la primera crisis cocalera. El ahorro o proceso de acumulación de capital, de inversión en fincas y de mantenimiento de los cultivos de subsistencia hacen parte de las nuevas estrategias de los colonos. En este periodo se empiezan a acentuar las diferencias entre colonos ligadas a sus sistemas de producción. La concentración de la tierra incrementa, así como el proceso de diferenciación social .


La última coyuntura presentada en el libro se da justamente en el periodo 1987-1993. El año de 1986 estuvo marcado por el pasaje de la bonanza nuevamente hacia una crisis. Es en este contexto que se da el auge de la organización comunitaria y ocurren las históricas movilizaciones masivas en el departamento revindicando la propiedad de la tierra, infraestructura pública, crédito, salud, educación, etc…


Desde 1987 hasta 1990 la crisis económica se agudiza ya que la coca no alcanza nuevamente los precios que previamente había alcanzado. El Guaviare presencia un recrudecimiento de la violencia por el conflicto generado entre narcotraficantes y FARC, y también por las ofensivas militares y paramilitares que vienen desde 1988. Acosta reconoce en este periodo el sentimiento de ausencia de presencia estatal.


Resulta paradójico, pero justamente es en el marco de este contexto que, bajo el amparo de la constitución de 1991, se declara a Guaviare como departamento y se inicia el proceso de municipalización. En 1993 se crean los municipios de Calamar, el Retorno y Miraflores, que junto a San José hacen lo que hoy llamamos el departamento del Guaviare.


Las bonanzas han marcado los ires y venires en el territorio. Estos cinco periodos de la segunda mitad del siglo XX han marcado el trasegar del departamento. El rol de la coca como fuente de acumulación de capital, y los vínculos que ha tenido con todo el sector primario y terciario se han configurado en el principal fenómeno social, económico y político en el Guaviare.


¿Cuánto de esto ha cambiado? Es la pregunta a hacerse no solo para el departamento del Guaviare, sino para diferentes territorios en el país. El marginamiento de esta región del país, y ciertamente de muchas otras, de las dinámicas económicas nacionales, la ausencia de presencia estatal y la condena al extractivismo, han sido y son el caldo de cultivo para nuevos conflictos. La invitación con esta síntesis histórica es ciertamente a reconocer el pasado para construir un mejor futuro.

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