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La Serranía del Manacacías: “el safari” colombiano

Bloguera: Laura Mora

Fotografía tomada de: https://www.wwf.org.co/


“Quiero comprar para ti una casa bella

Que tenga lirios y claveles al entrar

Donde se cojan con la mano las estrellas

Donde podamos bailar este joropito

Oyendo el arpa de David para leer bello”

Aries Vigoth


Siempre hablo con orgullo del lugar donde nací y crecí. Pocos me creen cuando describo la belleza de los llanos, porque sí, su belleza es real, pero hay que verla para creerla. Los que llegan no se quieren ir, por algo será. Cuando pienso en mi lugar de origen, canto en mi mente "Una casita bella" de Aries Vigoth, porque cualquier casita es bella en los llanos, aunque no tengan el mar que él pide en su canción. Recientemente, la majestuosidad de los llanos fue noticia mundial, esta vez por la Serranía del Manacacías, que, para mi suerte, pertenece a tierras sanmartineras, de donde soy.


La Serranía del Manacacías se encuentra en el municipio de San Martín de los Llanos, en el departamento del Meta. Este majestuoso lugar alberga 12 ecosistemas y una extensa red de cuerpos de agua. La cuenca del río Manacacías abarca dos de los entornos más impresionantes y únicos en términos de biodiversidad: es la unión entre los Andes colombianos y la Orinoquía colombo venezolana [1]. Pero es, además, el llamado “corredor vivo” que une los llanos con la Amazonía [2].


Como sanmartinera, crecí escuchando a mi papá hablar del Manacacías, de las historias que él había vivido y de los encuentros con animales salvajes en ese lugar. Esa joya natural estaba muy cerca de nosotros, aunque llegar a la Serranía era toda una aventura, con horas y horas de viaje por carreteras olvidadas por el Estado. El conflicto armado y la falta de infraestructura mantuvieron al Manacacías como una joya oculta. Paradójicamente, encontrarse en un lugar tan desangrado y olvidado pudo haber promovido su conservación. Para bien o mal, el Manacacías fue custodiado por sus propias fuerzas salvajes, lo que lo ha mantenido relativamente a salvo de las grandes maquinarias extractivistas y la mano del hombre.


En la última década, el ecoturismo ha comenzado a explorar esta zona. Desde universitarios que estudian biología hasta apasionados por el avistamiento de animales, todos llegan a lo que nosotros conocemos como el safari colombiano. Mi papá conocía perfectamente su belleza y su paisaje único. También me contaba lo peligroso que era; y no se equivocaba, pues dentro de sus límites geográficos, que abarcan 68,030.6 hectáreas, viven 1,093 especies de plantas y en fauna destacan mamíferos, reptiles, aves, anfibios, peces y crustáceos. Además, Parques Nacionales Naturales de Colombia ha confirmado el hallazgo de dos nuevas especies de mariposas para el registro de Colombia y dos posibles especies nuevas para la ciencia [3].


Con el paso de los años, los sanmartineros empezamos a notar que dentro de nuestra jurisdicción teníamos una perla de la biodiversidad, no solo para Colombia, sino para el mundo. Fue así como los mismos pobladores de la región comenzaron a promover la cultura de conservación del Manacacías, pasando de ser un lugar de caza a un lugar de orgullo que debíamos cuidar, incluso protegiéndolo de la pesca y la caza artesanales.


El Manacacías siempre fue un lugar admirado por los sanmartineros, pero desde el anuncio del presidente Gustavo Petro en diciembre de 2023, nuestros esfuerzos de conservación se vieron reconocidos oficialmente. La Serranía del Manacacías se convirtió en una nueva área protegida del Sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia. El anuncio se hizo en la COP 28 realizada en Dubái. Pocos colombianos lo conocen, lo cual es paradójico, pues fue un anuncio de relevancia mundial, llegando a estar en primera línea de muchos diarios, incluyendo el New York Times [4]. Realmente es un lugar único.


En la Serranía del Manacacías, se han encontrado animales que se consideraban extintos, como el perrito venadero, y sus guardianes testifican sobre la existencia de especies poco comunes [5]. Lo que el Manacacías nos deja ver es solo una pequeña parte de lo que realmente alberga. Lo que conocemos del Manacacías es lo que se le ha escapado por una ventana a este paraíso. No sería sorprendente que siguieran informando sobre nuevos hallazgos de especies nunca antes vistas o que se confirmara la supervivencia de aquellas que se consideraban desaparecidas. Siempre hemos creído que el Manacacías custodia lo suyo, especialmente del hombre.


Aunque, para los expertos, el Manacacías sea quizás el último de los Parques Naturales de Colombia[6], estoy convencida de que, no solo es un refugio de biodiversidad, sino también un símbolo para los colombianos, y un legado del llano para el aire, el agua y la preservación de la vida de las generaciones futuras del mundo.


Referencias

[2] The New York Times. De tierras ganaderas a parque nacional de Colombia. Enero de 2024.

[3] Idem.

[4] Cfr. The New York Times. De tierras ganaderas a parque nacional de Colombia. Enero de 2024.

[5]  Idem.

[6]  Idem.

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