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Los condenados a la soledad y el silencio

Escrito por: José Luis Jaramillo

Fotografía: Alcaldía de San Martín, Meta.


Los espantos de La Plazuela – San Martín de los Llanos.

La Plazuela es un espacio icónico dentro del municipio. En 2021, si la memoria no me falla, se comenzaron a realizar las bases donde irían las estatuas que hoy se pavonean por la grama del lugar. La primera visión de estas causó algo de polémica. Para muchos, no tenía forma de nada y tampoco reflejaban la tradición oral del municipio. Por ejemplo, La tejedora, que es la más mencionada, descrita como una anciana hilandera que cosía la boca de borrachos y mujeriegos. Pero en lugar de ella, decidieron colocar la de Juan de los ríos, un espanto que nadie conocía en el pueblo. Puede parecer que solo es una cuestión de perspectiva, pero varias personas piensan lo mismo. De hecho, hace poco pusieron una nueva, la de “El Tuy”. Lo primero que hizo mi hermano, de 12 años, cuando la vio fue preguntar qué era eso. Yo no supe responder.


Los espantos del Malecón – Puerto López

Tuve la oportunidad de trabajar este año con la comunidad de pescadores de Puerto López. Cuando me senté a conversar con los más viejos, quiénes me contaron de espantos y apariciones que poco o nada se relacionaban con la forma de las estatuas que también se instalaron en el pueblo. Por ejemplo, al mohán (que no aparece) se lo describe como un ser con los pies al revés, con un sombrero alón que pesca al borde del río. La bola de fuego no pasaba de ser un fuego fatuo y, en sus descripciones más creativas, se le dibujaba como dos fémures en forma de “X” con una calavera en la mitad. También está el caso de “El Silbón”, aparición descrita como una sombra amorfa que pasa junto a los pescadores durante sus faenas nocturnas pero que fue representada con el típico condenado y su costal de huesos


Estatuas y espantos ¿para quién?

El arte y los mitos son elementos sujetos a cambio. Los mitos y las leyendas tienen mil versiones que se solapan unas con otras; al arte no le debe faltar nunca su propio estilo y creatividad. Sin embargo, que los mitos tengan muchas versiones no significa que se deba saltarse la tradición y la cultura propia de cada municipio. No pretendo atacar al artista, pues muchas veces estos proyectos son casi órdenes de políticos desconectados del territorio y su población, como bien acostumbran en el departamento del Meta y Colombia. Allí es donde uno no puede evitar preguntarse si dichos monumentos se realizan para honrar la memoria oral del territorio o para ese tipo de turistas que consumen pueblitos mágicos y monumentos del mismo modo en que compran latas de cerveza y las arrojan a la basura. A fin de cuentas, es más fácil hablar de reactivación económica con la plata de los turistas que mediante inversiones eficientes en el territorio.

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