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MUJERES A CABALLO; LAS LLANERAS ROMPEN ESTEREOTIPOS EN LA CULTURA A TRAVÉS DEL DEPORTE

Actualizado: 9 feb 2021

Han sido años de lucha por parte de las mujeres llaneras para vencer aquellos imaginarios de debilidad femenina y demostrar que son igualmente capaces en las labores de vaquería y en deportes que históricamente se consideran solo para el género masculino.


La vaquería es una práctica deportiva conformada por diferentes destrezas que derivan de la conexión entre caballo y jinete propia del trabajo de ganadería. En esencia, este deporte es una extensión al ámbito competitivo de habilidades que a diario se desempeñan en los hatos con el trabajo de llano.


Enlazar becerros o esquivar obstáculos son solo algunas de las destrezas que los competidores despliegan en la pista. Sin duda, es un espectáculo ver la pericia en el manejo de los lazos mientras el o la jinete monta un caballo que galopa con todas sus fuerzas.

En la vaquería, como en los llanos colombianos, este tipo de labores dejaron de ser exclusivas del género masculino. Las mujeres del llano con su tenacidad han escrito una historia de trabajo duro y perseverancia. No ha sido tarea fácil reivindicar la igualdad de capacidades en un entorno como el llano, que obedece a una lógica patriarcal en donde la necesidad de dominar la agreste naturaleza le ha dado valor a la fuerza y la capacidad de sometimiento, característica de los hombres.


Han sido años de lucha por parte de las mujeres llaneras para vencer aquellos imaginarios de debilidad femenina y demostrar que son igualmente capaces en las labores de vaquería y en deportes que históricamente se consideran solo para el género masculino.

La historia de las mujeres en deportes como la vaquería o el coleo es una lucha constante para superar estereotipos arraigados en la cultura acerca de cuál es su lugar en el mundo, específicamente en el llano. Las mujeres llaneras han asumido con orgullo el rol de madres y cuidadoras del hogar. Sin embargo, saben que su único lugar posible en el mundo no es la cocina, que esa supuesta debilidad inherente a la condición de ser mujer es un estereotipo que se derrumba al verlas montar y enlazar un becerro de igual o mejor manera que un llanero.

Así, son muchas las mujeres que han decidido escoger la vaquería como deporte en el cual llevan al ámbito público las habilidades que desde siempre han desarrollado en los hatos. Si bien es cierto que en la última década se han abierto espacios en los Llanos Orientales para la práctica de este deporte, en el ámbito femenino aún hay mucho camino por recorrer.

Entre las mujeres que se animan a romper con los estereotipos, Llano Adentro tuvo la fortuna de hablar con Laura Prieto, estudiante de medicina, quien combina su pasión por los caballos con el estudio. Laura, deportista profesional de vaquería, cuenta que cuando empezó competía con los hombres “en principio los hombres eran los profesores, los que enlazaban, los protagonistas”.

La pasión que mueve a esta llanera es la reivindicación de su género y mostrar que las mujeres pueden hacer las mismas labores que el hombre vaquero. Ahora, en pleno 2020 las mujeres ocupan un lugar importante en eventos como el Mundial de Vaquería, en el cual más allá de su belleza o su forma de vestir, resaltan por la tenacidad para montar un caballo y enlazar.

Pese a esto, Laura mantiene una postura crítica frente a la división de roles en el deporte; al igual que en el fútbol femenino los premios que ganan las mujeres son menores. En parte porque la participación es menor, pero también porque a los hombres se les evalúa en mayor medida las habilidades de trabajo de llano.


Por ejemplo, las mujeres solo pueden enlazar al animal, a los hombres además se les evalúa tumbar y amarrarlo. Esto ha ocasionado que la participación de la mujer en la vaquería no crezca al ritmo esperado; menores premios y una condescendencia injustificada desmotivan a muchas llaneras muy capacitadas. Sumado al hecho de que en la mayoría de los casos el monto de la inscripción para hombres y mujeres es diferente en consecuencia los premios son diferentes.

Este trato desigual no tiene ningún fundamento pues tal como lo menciona la deportista “los llaneros no somos nada sin un caballo, las mujeres tenemos una sensibilidad que nos permite conectarnos más con el caballo.” Por lo cual, la fuerza física de los hombres deja de ser un factor diferencial, pues las mujeres logran una conexión más profunda con el caballo, su compañero en el deporte.


Por esto, el llamado de esta deportista es otorgar el valor real a la actividad deportiva de las mujeres; que en el caso de concursos se de a las y los participantes el mismo reconocimiento económico; dejar de ver a las mujeres como niños o payasos y ofrecer el mismo trato que a los hombres, pues no existe razón alguna que amerite el trato diferencial, menos si de talento se trata.

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