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RAEE: un desafío en ciernes para el siglo XXI

Escrito por: Andrés Espitia* y Juliette Bermúdez**


Fotografía de: Juliette Bermúdez (West-Lafayette: Indiana, mayo 2022)


Junto con el calentamiento global generado por el cambio climático antropogénico, la pérdida masiva de biodiversidad y la inundación de residuos plásticos en casi todos los rincones del planeta, podría sugerirse que otro más de los jinetes del apocalipsis ambiental para el siglo XXI es el creciente uso de dispositivos eléctricos y electrónicos en todo el mundo [1]. Esta problemática, en principio impulsada por la digitalización de la economía y la transición hacia fuentes de energía renovable, presenta un desafío ambiental significativo.


Estos aparatos, han estado presentes desde la posguerra mundial [2], y han experimentado un aumento exponencial en los últimos años, generando una nueva categoría de residuos conocidos como RAEE (Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos) [1]. A medida que se intensifica la lucha contra el calentamiento global mediante la adopción de energías renovables, baterías y aplicaciones móviles [3], la amenaza radica en la posibilidad de que estos avances junto con las tecnologías emergentes resulten en un mar de desechos tóxicos o difíciles de asimilar para los sistemas naturales del planeta [1, 4], a menos que se aborde una adecuada gestión de los RAEE.


Ahora bien, estos residuos complejos también guardan el potencial de ser fuente de materias primas valiosas para reintegrarse al ciclo productivo de nuevos bienes y servicios, lo que se conoce actualmente como Economía Circular [5]. No obstante, los RAEE son residuos que, además de su creciente generación, están dentro de los menos caracterizados a lo largo de su ciclo de vida [6] entre otros motivos, por la proliferación de actualizaciones, nuevos modelos y equipos electrónicos con ciclos de vida corto [7].


Bajo este contexto, existe una gran preocupación a nivel nacional respecto a la gestión de RAEE, toda vez que, gracias a los aportes de la investigación y la academia desde el ejercicio de la administración pública y la prestación del servicio domiciliario de aseo en Colombia, se ha evidenciado de manera empírica que existen bajas tasas de recolección y aprovechamiento, y un desconocimiento de la ciudadanía sobre regulaciones y opciones para la gestión de este tipo de residuos [8].


Por ejemplo, en Bogotá se destacan alrededor de 10 compendios normativos vigentes, entre disposiciones nacionales y un acuerdo distrital, apenas conocidos por gestores ambientales de empresas privadas formales y entidades públicas que se relacionan con la gestión de RAEE (sin incluir aún la normatividad que se viene en materia de residuos por masificación de electromovilidad y energías renovables). En este marco, la recolección, el transporte y la gestión de RAEE recae en servicios privados, es decir, no están incluidos en el servicio público domiciliario de aseo, como sí sucede con los residuos ordinarios. Incluso, aún en ciudades y municipios de menor tamaño y zonas rurales, tales servicios privados resultan más escasos o inexistentes.


No se entiende como, bajo la premisa de ser residuos que merecen una gestión de transporte y disposición diferenciada, los RAEE y otras corrientes de residuos que merecerán futuros análisis en otro escrito, se excluyen de la prestación como servicio público domiciliario por parte de la Ley vigente de servicios públicos domiciliarios en Colombia (Decreto Único Reglamentario 1077 de 2015) y, de ahí en adelante, se excluyen de cualquier marco de integración asociada a tarifas, coberturas y garantías de prestación para los usuarios domésticos.


Si a este pilar de responsabilidad institucional se añade que en Colombia la Responsabilidad Extendida del Productor (REP) es apenas un concepto de responsabilidad empresarial respecto a los productos y aparatos que se venden, con incipientes avances de obligaciones legales en lo que se refiere a RAEE desde el año 2013 (Ley 1672). Y, luego en el año 2022 (Resolución 0851) [9] con un letargo en la efectividad de la REP en el país (entre otras, por tan reciente regulación), nos encontramos con que tampoco existen marcos de gestión amplios y efectivos para RAEE desde la esfera de los comercializadores y productores que nos venden electrodomésticos y gadgets (aquellos dispositivos electrónicos portátiles como celulares, reproductores mp3, entre otros).


Con base en lo anterior, y tomando en cuenta que un número desconocido de RAEE es gestionado por recicladores de oficio [10], chatarreros y personas con actividades de supervivencia sin permisos ambientales para la actividad, contrario a lo dispuesto en la normativa del país y en condiciones de riesgo para la salud pública, cabe preguntarse: ¿Cómo hacen frente los ciudadanos a un creciente fenómeno de producción de RAEE?


En primer lugar, es imperante que los análisis y estudios académicos sean parte de la base técnica de planeación para las entidades públicas que están en la obligación de dar respuesta a la ciudadanía en materia de gestión integral de RAEE. Tal respuesta debe regular la totalidad del ciclo de vida de aparatos eléctricos y electrónicos que se consumen y, comprobar, por ejemplo, los argumentos asociados a tipo de gestión, frecuencia y usuarios generadores con los que se viene justificando la exclusión de RAEE y otros residuos especiales del servicio público domiciliario de aseo.

 

En segundo lugar, y también desde la academia, es importante evaluar la efectividad y pertinencia de relegar a las autoridades y policía ambiental las tareas de denuncia y penalización in fraganti de millones de usuarios domésticos y otros actores informales en la cadena de disposición de RAEE, ya que desde esta humilde pluma con experiencia en la inspección, control y vigilancia del servicio público domiciliario de aseo, los recursos financieros y logísticos deberían estar más bien centrados y optimizados en la formalización de gestores informales, no solo en reciclaje de residuos ordinarios, sino también en RAEE y otros residuos especiales que suelen ser de provecho económico en cadenas de valor [10] con alto grado de informalidad y discutible supervisión en términos fiscales y comerciales.


Por último, en un país en dónde se pretende impulsar el progreso productivo bajo en carbono para combatir la pérdida de biodiversidad y los riesgos contra el vasto patrimonio hídrico y edafológico, es vital pensar en una eventual gestión de RAEE con coberturas alineadas a los volúmenes y frecuencias de generación domésticas (o como servicio especial con mayor participación de gestores históricamente vulnerables), donde el servicio sea prestado con los incentivos y las directrices necesarias para consolidar una gestión orientada al aprovechamiento y la economía circular, antes que a una mera disposición controlada en rellenos de seguridad o plantas de incineración controlada.


Combatir este desafío, como muchos otros de este siglo, es más una cuestión de voluntad política, participación ciudadana y transparencia institucional. Las soluciones culturales, tecnológicas y logísticas están a nuestro alcance para implementarlas de manera adecuada y con prontitud. La velocidad de los jinetes del acabose ambiental de nuestra época no puede ser más grande que la de nuestras posibilidades en pleno siglo XXI.


 

Referencias

[1] Babu, B. R., Parande, A., & Basha, C. A. (2007). Electrical and electronic waste: a global environmental problem. Waste Management & Research, 25(4), 307-318. https://doi.org/10.1177/0734242x07076941

[2] Bhutta, M & Omar, Adnan & Yang, Xiaozhe, Electronic Waste: A Growing Concern in Today’s Environment. Economics Research International, June 2011. www.researchgate.net/publication/258379577_Electronic_Waste_A_Growing_Concern_in_Today’s_Environment

[4] The Basel Action Network (BAN) and Silicon Valley Toxics Coalition (SVTC) (2002). Exporting Harm: The High-Tech thrashing of Asia, Retrieved from http://svtc.org/wp-content/uploads/technotrash.pdf , pp. 9 on June 30, 2021.

[5] Murthy, V. S., & Ramakrishna, S. (2022). A review on Global E-Waste Management: Urban Mining Towards a Sustainable Future and Circular Economy. Sustainability, 14(2), 647. https://doi.org/10.3390/su14020647

[6] Camelo, J. F. B. (2023). Characterizing quantity and physical dimensions of consumer electronic devices: A pilot study of Indiana households (Doctoral dissertation, Purdue University Graduate School).

[7] Abalansa, S.; El Mahrad, B.; Icely, J.; Newton, A. Electronic Waste, an Environmental Problem Exported to Developing Countries: The GOOD, the BAD and the UGLY. Sustainability 2021, 13, 5302. https://doi.org/ 10.3390/su13095302

[8] Cepeda Hernández, I. (2023). Factores que inciden en las prácticas de eliminación y reciclaje de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) en Bogotá – Colombia por parte de los consumidores domésticos. Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales.

[9] Urrego Ángel, J.  (2022). La responsabilidad extendida del productor: desarrollo y retos nacionales. Universidad Externado de Colombia.

[10] Del Pilar Casas-Merchán, I., & Toro, J. (2020). Análisis de la vinculación de organizaciones de recicladores al sistema de gestión formal de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos en Bogotá D.C. Revista luna azul, 50, 40-65. https://doi.org/10.17151/luaz.2020.50.3


*Andrés Espitia

Ingeniero Ambiental con maestría en Ingeniería Ambiental de la Universidad de los Andes.

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**Juliette F. Bermúdez

Ingeniera Ambiental con Especialización en Gobierno, Políticas Públicas y Asuntos Públicos, Maestra en Ciencias en ingeniería Ambiental, Investigadora del Centro de Investigación de Cambio Climático (CICC) de Academia de Cambio Climático y Derechos Humanos de la Fundación Grothendieck

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