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Sanmartineros: vaqueros, centauros y cuadrilleros

Las Cuadrillas son un referente de la identidad Sanmartinera, puesto que se constituyen como espacio de celebración de las habilidades del llanero como jinete y de éste como domador de su medio. En palabras de los cuadrilleros “ellos son los propios centauros”


Jhon Moreno


La relación de violencia entre españoles e indígenas es reflejada en la memoria del pueblo en relación con la fundación de San Martín de los Llanos: primero fueron Spira y Federmán en 1531; posteriormente Hernán de Quezada en 1541; y luego, quien fue considerado su fundador real, Pedro Daza de Heredia, quien lo nombró Medina de las Torres en 1585, para ser arrasado por el fuego y refundado en 1641 por Juan de Zárate, a orillas del río Camoa con el nombre de San Martín del Puerto. En 1867 fue considerado capital de la Orinoquia bajo el nombre de San Martín de los Llanos. Hacia 1905 su importancia a nivel regional fue sustituida por Villavicencio, que pasó a ser la capital de la intendencia del Meta.


Llegar a San Martín de los Llanos es llegar a un pueblo determinado fuertemente por la cultura de la ganadería y los caballos, instaurada por los jesuitas durante la colonia. Desde la misma entrada al pueblo el visitante es recibido, del lado izquierdo, por los gigantescos corrales a donde llegan las ganaderías de distintos hatos de la serranía; allí se negocia el ganado en pie. Está después el mirador y el «parque o plaza del Cachacero». Este es un lugar fundamental. Allí el artista Óscar Leal Ramírez en 2007 realizaría un monumento en homenaje a los cuadrilleros, a los jinetes, a los centauros y finalmente a los llaneros, a los «hombres de a caballo» como se refieren los vaqueros a sí mismos. Este monumento fue construido con las armas fundidas, entregadas durante la firma de la paz por los grupos paramilitares.


La iconografía más potente del santo patrono del pueblo es la de San Martín de Tours de El Greco, con unos atributos representados en un mendigo con un pedazo de su capa, y él (San Martín) en su caballo de guardia imperial, que lo mira con piedad. Hay dos monumentos claramente inspirados en este cuadro que se hacen presentes en dos lugares del pueblo, el primero: en la esquina de la iglesia principal, el lugar más visible de todo San Martín. A mano izquierda entrando a la iglesia se erige un San Martín de Tours parafraseando a El Greco, dando entrada a la iglesia en cuyo interior está San Martín de Tours ordenado obispo. Un San Martín convertido al servicio de dios. El segundo está en la plaza de los cuadrilleros, a unos cien metros del monumento del Cachacero. Allí se erige el monumento a San Martín de Tours elaborado de manera similar al de la iglesia, solo que en un mayor tamaño. Este busca ser imponente. Está ubicado estratégicamente cerca al Cachacero, dando un mensaje que relaciona al jinete cachacero enmascarado que fue convertido, y al soldado romano, con su yelmo (máscara), que también fue convertido. Para ser llevados a la iglesia, convertidos en uno, con su nuevo atuendo, con su nueva vida al servicio del nuevo dios. Sin máscaras.


El monumento del Cachacero está en ademán de lucha sosteniendo una lanza en su mano izquierda. En la mano derecha lleva un libro (biblia), atributo de un santo doctor de la iglesia. En este monumento se encuentra fusionada una simbología que abarca los dos momentos de la vida de San Martin: la de soldado, representado por la lanza, habla de la guerra por la libertad y la cuota metense en la gesta libertadora. Su libro sagrado en la mano izquierda, habla de su relación con Dios: con la derecha la espada, la fuerza y con la izquierda la palabra y la sabiduría. La tensión clásica entre la espada y la pluma. El vaquero-centauro, guerrero, cuadrillero, pero temeroso de un dios al cual venera y respeta a través de su santo patrono, que celebra cada 11 de noviembre en las cuadrillas y luego venera en la procesión.


Cuentan que cuando San Martín de Tours era parte de la guardia imperial romana, se le apareció un mendigo a la entrada de la guarnición, al borde de la muerte a causa del frío. Dominado por la piedad que lo invadió, le compartió un pedazo de su capa real a sabiendas del castigo del que sería objeto. Tiempo después se le aparecería Jesús vistiendo el trozo de su capa real y revelándose como Dios ante el guardia imperial. A partir de esta experiencia él decide convertirse, deja su vida militar y se entrega a la vida religiosa llegando a ser obispo de Tours. En adelante, dedicaría su vida a llevar el evangelio y el mensaje de Jesús. Luego de su muerte sería canonizado.


Hoy, San Martín de Tours en su rol de santo patrono, entra al pueblo armado de representaciones e imaginería materializada en esculturas y representaciones visuales. Esta figura genera procesos de construcción identitaria del mundo cultural Sanmartinero, asociándolo a lo religioso y a la reciedumbre de la unidad hombre-caballo (centauro), que sigue siendo un imaginario potente. El discurso institucional del patrimonio cultural consolida la identidad común asociada a los caballos con el reconocimiento de las cuadrillas como patrimonio de la nación. Cuadrilleros y jinetes hacen parte de lugares como billares y cantinas, donde son representados de diversas maneras buscando congraciarse con el mundo social de la gente que juega billar o toma cerveza en los cafés. También, la imaginería popular de los artesanos representa a los cuadrilleros, ofreciendo objetos para el consumo de visitantes y turistas.


La simbología del héroe toma fuerza entonces de la mano de la figura del santo. El revivir la relación de razas en paz, unidas a través del juego ecuestre de los cuadrilleros es una fuerte simbología que reúne caracterizaciones de tipo sacro en una práctica festiva y profana usada para representar la identidad de sus habitantes y del territorio. «Las Cuadrillas son un referente de la identidad Sanmartinera, puesto que se constituyen como espacio de celebración de las habilidades del llanero como jinete, y de este como domador de su medio. En palabras de los cuadrilleros, “ellos son los propios centauros”». El mundo de los caballos, al igual que para su santo patrono, es su propio mundo, como se afirma en el Plan Especial de Salvaguardia, elaborado 8 años después de su declaratoria como patrimonio cultural de Colombia, sucedida en 2002. Además, se han reconocido como patrimonio cultural al coleo, el trabajo de llano, la gastronomía de cuajada y arroz y el joropo. Tres prácticas de estas hablan de la relación hombre-caballo. Existe por tanto toda una identidad común que gira en torno al mundo ecuestre.


«Las Cuadrillas de San Martín son una serie de diez juegos o actos conformadas por cuarenta y ocho jinetes principales, doce suplentes y cuatro coordinadores; todos ellos reciben el nombre de Cuadrilleros. Están divididos en cuatro grupos que representan a Galanes o Españoles, Moros o Árabes, Guahibos o Indios y Cachaceros o Negros». Son realizadas en un gran espacio abierto en grupos de doce, como si fuesen apóstoles. Se trata de una fuerte tradición que nace como una forma de apropiar un discurso evangelizador, bajo el influjo de la imagen de San Martín de Tours. A través de estos juegos ecuestres reviven y celebran la unión de las culturas. Se dice que en 1735 Gabino de Balboa fusionó tradiciones para dar inicio a esta práctica. Sin embargo, hoy día cuadrilleros y vaqueros proponen que su origen no es solo español, sino que tiene también raíces en juegos tradicionales indígenas de cuadrillas realizados sin caballos.


«Por vía de la protección del patrimonio, funcionarios y entidades, a través de programas y legislaciones, intervienen no sólo el patrimonio, sino la cultura, los territorios, las poblaciones y la historia». Muchas veces las manifestaciones terminan transformándose en razón de la fuerza de interpretación que se impone sobre las prácticas por parte del discurso patrimonial. Aquí se busca mantener viva la práctica, pero la comunidad de cuadrilleros ha enfrentado dificultades en la gestión del patrimonio, luego de haber sido incluida en la lista de patrimonio cultural inmaterial.


Este influjo identitario brinda argumentos para comprender los orígenes que permitieron institucionalizar la imagen de los centauros y los «hombres de a caballo» tanto en su actividad productiva agropecuaria, como en sus tradiciones festivas y deportivas. De otro lado, la participación de sus pobladores durante la gesta libertadora es resaltada en la memoria de la sociedad Sanmartinera por la fuerte simbología de los héroes-centauro que lucharon por la libertad en la guerra de independencia.



 

1 Músico de la Universidad de los Andes. Candidato a grado de la Maestría en psicología de la

música, Universidad de la Plata. Estudiante de la maestría en patrimonio cultural, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Oriundo de San Luis de Palenque, Casanare. Contacto: Jhon.moreno06@uptc.edu.co


2 Relato tomado de una conversación con Norberto Partagás, Manuel “chicuaco” Torres e Ismael Castro “el tigre del merey” en San Martín de los Llanos el 11 de octubre de 2017.


3 (Ministerio de Cultura, 2010, pág. 10).


4 (Ministerio de Cultura, 2010, pág. 12).


5 (Díaz Moreno, 2010, pág. 11).


Bibliografía


Díaz Moreno, I. (2010). http://javeriana.edu.co. Recuperado el 11 de 2017, de http://javeriana.edu.co/biblos/tesis/csociales/tesis72.pdf

Ministerio de Cultura. (2010). http://www.mincultura.gov.co. Recuperado el 10 de 2017, de http://www.mincultura.gov.co/prensa/noticias/Documents/Patrimonio/07-Cuadrillas%20de%20San%20Mart%C3%ADn%20-%20PES.pdf


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