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Sin remitente

Escrito por: Jhon F. Bautista


Para empezar, quiero decirte que lo siento mucho, honestamente desde tu partida no he dejado de pensar tan siquiera un momento en ti todos los benditos días de mi existencia, ya con este van exactamente 3 años sin tu presencia, los cuales se cumplen hoy ya que fue nuestra última fecha especial, nuestro San Valentín, ya sabes, no creo en esas cosas que solo buscan monetizar el amor y se valen de las pasiones para sacar provecho; entre otras tantas discusiones teníamos frente a temas que incluyeran el factor amoroso, pero terminábamos aceptando términos y condiciones  para negociar fechas especiales que no tenían calendario.


Por otro lado, aunque el tiempo haya pasado y yo siga tratando de recomponerme con terapias psicológicas, físicas entre otras cosas, todavía me quedan rasgos de amor y restos de dolor combinados con melancolía haciendo de mis días, de mis noches, una guerra sin cuartel y de vez en cuando avizora tregua cuando mi mente está dispersa porque incluso cuando duermo, mi subconsciente te evoca de la manera más vívida. Tal parece que no se ha enterado que mi realidad avanza de manera diferente y sin ti, o quizás lo sabe pero se niega rotundamente a superarlo.  De manera abierta y honesta he concluido que tampoco he hecho el deber de superarte del todo, solamente he aprendido a mentirme y distorsionar la realidad de mi realidad.


Desde tu partida y habiéndonos repartido la culpa que fue más mía que tuya según tus argumentos, pero entiendo, siempre debe haber un culpable, esta vez quedamos en que yo asumiría tal responsabilidad, pero no imaginé que las consecuencias iban a ser tan desastrosas.


Me encaminé rotundamente a olvidarte, superar lo que fue nuestro, para ello acudí a muchas formas, maneras y conceptos, trate de vivir lo más intensamente posible en un lapso de tiempo muy corto, acudí a reuniones sociales, fiestas, conocí muchos lugares, personas, muchas mujeres bellas e interactúe con ellas incluso de manera íntima. Todo marchaba bien, aparentemente, y la realidad del momento daba a entender que no existía nada que pudiese volver a hacerme sentir solo, culpable o amilanado por sentimientos ajenos, pero como todo y en todo, existe el génesis y consigo acarrea la condición resolutoria de un final, el cual su común denominador es lo efímero.


Aquella felicidad distractora y momentánea se fue desvaneciendo al poco tiempo. El éxtasis y la efusividad que residía en mi cabeza ya empezaba a decaer. No hacían efecto los distractores sociales y las consecuencias, que se asomaban a lo lejos eran para nada inevitables, como te digo, a medida que me consumía con el tiempo y con las cosas que hacía, nunca supe dejarte atrás porque siempre estabas, consciente o subconscientemente, te recordaba incluso mientras veía otros rostros, fue así que después de buscar excusas y pretextos para pasarte a la siguiente página, no tuve en cuenta que seguía escribiendo con el mismo lápiz y en el mismo libro, solo fui pretencioso al quererte reemplazar e incluso encontrarte en alguien más. Simplemente mi vida eran tachones, borrones y enmendaduras, el amor y cariño tuyo no existía por ningún lado, estaba abatido y aferrado nuevamente a la miseria que deja el tiempo.


Estaba viviendo de recuerdos mientras mi presente pasaba de inadvertido y el futuro tan incierto me sonreía quiméricamente sólo con la intención de arrancarme la poca esperanza de algún día volver a estar a tu lado.


Ya no quiero evocarte más, es innecesario que sigas aquí cuando no necesito de ti, lo admito fracasaron mis intentos de olvido, pero como último acto de valentía, me despido de ti, esta vez lo hago sin dolor aunque te quiera más que nunca, ya fue suficiente, tu recuerdo merece estar en completa paz y yo debo vivir con la gratitud de que te amé como siempre quise hacerlo a pesar de quedar una deuda inmensa por saldar, por si no lo entiendes, -la promesa de amarte por siempre-,  quizás sea lo que aún circunda en mi mente, pero en ocasiones considero que te amé de principio a fin y no le debo nada a la vida ni al destino que viví contigo.


Suelo recordar de vez en cuando el cuento de “Alicia en el país de las maravillas” cuando esta le responde al conejo mágico, “un para siempre puede ser tan solo un segundo” y quizás para nosotros se configuró en los tres intensos años, pero paradójicamente se mantuvo vivo durante mucho tiempo después. Solo fue una promesa vacía que quizás se quede así hasta que la vida retumbe, de momento me iré sabiendo que pude amar y quizás lo haga de nuevo, sin restricciones y que tu solo eres un intento de muchos que me conducirá al lugar correcto.

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