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Urutaú y el relato del canto de medianoche

Bloguera: Laura Mora


Durante el 2020, en plena pandemia, viví un encuentro singular con un ave que marcó mi retorno a casa. Tras el inicio de la crisis sanitaria, decidí regresar temporalmente a San Martín, Meta, con la intención de pasar el periodo de aislamiento lejos del bullicio y el frío de mi ciudad. Mi hogar materno está ubicado cerca de un terreno deshabitado, cubierto de maleza y árboles imponentes. Alejada del estruendo de las autopistas, comencé a escuchar un canto que resonaba en sintonía con los miedos y temores que todos compartíamos durante la cuarentena. Un ave entonaba su canto al ritmo de los acontecimientos mundiales, reflejando lo que se escuchaba en las noticias, parecía ser el ave de la muerte —aunque quizás era, entonces, solo mi desconocimiento de un ave de canto mágico y poco comprendida—.


Muy consternada con aquel ruido que parecía traído del inframundo, llegué a llamar a la policía en un momento de confusión, creyendo erróneamente que se trataba de una persona agonizante ¿De dónde provenía ese misterioso canto? ¿Podría ser un ave de otro mundo? Fue entonces cuando descubrí la aplicación BirdNET, la cual utilizaba para grabar el canto de esta misteriosa ave después de las 10 pm, cuando todo quedaba en silencio y mi amiga emplumada comenzaba su repertorio nocturno. Mi objetivo era desentrañar el misterio detrás de ese canto. Tras grabar su canto y usar el detector que tiene BirdNET —el cual recomiendo para todos lo que amamos las aves— descubrí que se trataba del Nictibio Urutaú.


Aunque el Nictibio no es ampliamente conocida por su nombre científico, su presencia se hace notar en la cultura popular con apelativos como "ave bruja", "pájaro duende", "Bienparado" o "Urutaú" (que se traduce como "ave fantasma"). Esta especie sedentaria se encuentra en hábitats de bosques secos y sabanas, y cuenta con una  envergadura que oscila entre los 33 y 38cm. Su distintivo color grisáceo y castaño, acompañado de grandes ojos en tonalidades naranja o amarillo, y un pico que más se asemeja a la boca de un pez, contribuyen a su bella rareza. El Nictibio, un hábil cazador nocturno de insectos, suele posarse en postes de madera, cercas ganaderas o troncos de árboles, en donde se posa con una erguida y elegante postura, que le ha hecho ganador del apelativo de "Bienparado". Además, su plumaje se asemeja al tono del tronco seco de los árboles de la sabana, lo que la convierte en una maestra del camuflaje[1].


No es un detalle menor que se trate de una especie poco conocida, sino que también es sumamente exclusiva de ciertas áreas de la región de América Latina. Su distribución por Sudamérica y algunas zonas específicas de Centroamérica, la convierte en un ave poco común [2]. En los llanos orientales, se integra a nuestra fauna de manera frecuente, y escuchar a este raro espécimen debería ser considerado como un privilegio, de hecho muchos observadores de aves viajan miles de kilómetros buscando oír su canto por lo menos una vez en sus vidas. Su singularidad, rareza y misteriosa, no se limita solo a su canto inquietante, que más parece los lamentos de una persona adolorida o los legendarios cantos de las brujas que al dulce cantar de las aves de la mañana. Su apariencia y su canto, así como su sigilosa vida, lo posiciona como un ser único, un ave que pareciera haber emergido de los mitos que recorren nuestras llanuras y tradiciones populares.


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